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Expedición al Corredor Horbein de Alberto Zerain 

Hoy a las cinco de la madrugada nos hemos puesto en movimiento para estar al amanecer en el comienzodel Corredor de los Japoneses. En un principio, queríamos haber salido denoche, con la luz de la luna, pero no queríamos estar en un sitio por el quetodavía no habíamos pasado antes sin tener visibilidad clara. Además, por lanoche, el viento comenzó a pegar fuerte. Esto sumado al frío que desde hacía undía estábamos padeciendo, nos iba a dar la sorpresa que hemos tenido hoy cuandoestábamos decidiendo si meternos al Corredor de los Japoneses o no.

Mientras subíamos hacia larimaya, por la derecha, una avalancha enorme dio los buenos días al nuevoamanecer que nos saludaba. Menudo desayuno que nos ofrecía la montaña. Anosotros nos puso los pelos de punta y a los bastones que habíamos dejado másabajo los aparcó en otro lugar. Mientras nos decidíamos desde la rimaya acomenzar el Corredor de los Japoneses o no, continuamente iba cayendo nieveespray de la entrada a la ruta. Esta nieve es experta en colarse por cualquiersitio y dejarte helado, además de blanco. En ese momento le comenté a Txingu sino sería mejor subir al Collado Norte del Everest por aprovechar el día. Con lavista estábamos evaluando el itinerario más asequible cuando desde el CorredorNorton una avalancha atravesó el plató hasta rebañar unos seracs que cuelgan másarriba. Al final, el viento terminó por expulsar también la nieve que quedabasuelta en el Corredor de los Japoneses y nos la echó encima. Bajamos rodandojunto con esa nieve polvo casi 100 metros a la deriva, mientras notábamos ennuestros cascos la caricia de algunos trozos de hielo.

La tensión era difícil dedominar ante el acoso de la montaña.

Ya nos íbamos de vuelta conlas orejas gachas cuando miro hacia el corredor y ahí venía la segunda versión:la hermana mayor. Como estábamos bastante abajo, pudimos correr y ponerdistancia de por medio. Esta vez se tuvo que conformar con salpicarnos ynublarnos la vista.

Ante esta experiencia noqueda otra que asumir con humildad la realidad. Después de más de 40 días deesfuerzos y lucha en vano, hemos vuelto a hacer un esfuerzo más empujados poruna engañosa mejora de la climatología. Y es en esta ocasión cuando hemos caídoen la trampa que nos tenía preparada la montaña. Nos manda ya para casa, peroal menos volvemos sanos y salvos.

Escribo estas líneas desde el campo chino, dondeme encuentro después de desandar los 30 kilómetros de glaciar y morrenas contodo el material a cuestas. Txingu y Gotzon duermen hoy en el campo intermedio,y Edorta está aquí conmigo.

Fuente: Alberto Zerain